Aquellas pequeñas cosas

Pequeñas pero sabrosas (no, no me refiero a eso)

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El punto y coma

Estimados lectores, he aquí de vuelta, inaugurando, y probablemente clausurando en este mismo acto, una sección intitulada

“Develando misterios de la gramática, antes de que la Real Academia Española cambie todo otra vez”

Hoy, es el caso de El Punto y Coma

Ya arrancamos mal. “El” es singular, y “punto y coma” son dos ítems. Ergo, es plural. Y no me vengan con “Moreno y Fabianesi es uno solo”. Sí, él sí.

El punto y coma es uno de los signos más intrigantes de la gramática. Personalmente, le encuentro un encanto particular: no sé para qué carajo se usa. Está presente en muy diversos textos, de los más pomposos y paquetes, pero sigo sin saber para qué.

Está a medio camino entre la coma, que hace una pausa, que te da un respiro, pero sigue para el mismo lado. Es copada, porque te da una pausa en la lectura, pero no interrumpe.

El punto es más certero. Punto. Acá terminó la idea, he dicho. Pará un poco. Reflexioná. Todo eso es el punto. Junta las frases, las hace amigas, pero siguen yendo para el mismo lado. Charlan en el viaje.

Ni hablar del punto y aparte. Ese es más corta rostro. Discrimina, separa, es sectario. Sin embargo, lo queremos como es, porque separa ideas. Podría decirse que es la contracara de la coma. Distribuye espacios, está en el medio, juega de 5.

Pero el punto y coma no sé bien de qué juega. Porque separa, pero no se para. Une, pero no une. Digamos que “está ahí”. Es como ese primo lejano, que sabés que está, pero es difícil que lo llames a menos que sea por algo importante, o que ves en las fiestas familiares, esos bodriazos de los que te querés ir apenas tocás el timbre. Es como el punto y coma, que está ahí, lo ves por la fuerza pero porque la Tía Rosa hace unas pastas dignas de un monumento. Pero eso es tema del próximo Develando misterios de la gramática, antes de que la Real Academia Española cambie todo otra vez”.

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Maravillas del T9

Todo aquel que tenga un teléfono celular con la posibilidad de redactar mensajes de texto habrá usado alguna vez el sistema T9 o de formulación “automática” de palabras a partir de un diccionario. Es decir, que a medida que uno va presionando las teclas, las letras contenidas allí se van combinando para formar la palabra deseada.

Personalmente conservo la hipótesis de que este sistema tan “automático” no lo es tal, sino una gran broma de los programadores de software para celulares. Veamos por qué lo digo:

Atención: Este experimento es más divertido si realiza las pruebas en su teléfono antes de leer las conclusiones.

Empecemos por una descalificadora:

Al tipear las primeras 5 letras de la palabra “Argentina”, ¿con qué nos encontramos? Ah, sí, el diccionario interpreta “árido”.

¿Una simple coincidencia o un acierto de los macabros pero sutiles programadores? Otra:

Comience a tipear la palabra “iglesia”, las primeras tres letras. ¿Con qué se encontró? Ah, sí…. “gil”.

No voy a comentar sobre eso. Pasemos a las dos más jugosas de este resumen:

Sea tan amable de tipear la palabra “mujer”. ¿Sin problemas, verdad? Bien. Ahora, inténtelo con la palabra “hombre”. Al llegar a la quinta letra, se habrá dado cuenta que antes de descubrir la palabra “hombre”……… ¡el diccionario interpreta “gomas”!

¿Estará marcando qué es lo importante para los hombres? ¿Querrá decir que delante de cada hombre, hay un par? No lo sé, pero es muy bueno el chiste, señores.

Por último, los genios perversos de los programadores dieron un paso más en su escalada de humor e ironía.

Vamos con la palabra “amigo” o “amiga” (da igual, eso es brillante). Faltando tipear la última letra, los programadores nos dan su visión de la amistad…

¿Vieron lo que dice antes de formar la palabra “amigo” o “amiga”? Estimados programadores, me rindo ante sus jocosos pies(es).

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